Cada vez que busco
algún tema sobre el cual puedo escribir se me hace muy difícil. A veces cuando
converso con mis amigos de esto es como raro, porque me dicen desde loco hasta que haga otras cosas, que mi tiempo es corto acá en la tierra como para
desperdiciarlo. Pero la verdad es
que no soy de basarme de las opiniones del resto, así que prefiero cortar el
tema.
Desde marzo hasta hace
unos días traía conmigo una libreta, muy especial para mí. Soy muy observador,
por eso siempre que veo un color, un matiz, un nombre, una calle, un árbol, un
edificio o simplemente algo que me agrade lo anoto. Muchos dicen que los días
pasan, y las cosas se olvidan… y yo, fiel seguidor a mis ideas, cuando me
propongo algo me gusta cumplirlo por muy difícil que sea.
La cosa es que en tal
libreta llegué a llenarla con mis anotaciones… por eso hoy quiero compartir con
ustedes los recuerdos que se van, esos que no vuelven, esos que uno los
recuerda con amor y quiere que algún día vuelvan.
¿Cuál es el recuerdo
que más tengo presente? ¿Quiénes estaban conmigo? ¿Cuál era el lugar? ¿Qué
sentí en ese momento? Son preguntas que comúnmente me planteo. En mi corta vida
creo que he tenido muy pocos momentos para recordar y no olvidar, pero el ser
muy intenso me hace tratar de vivirlos a “concho”. Basarse en la simplicidad de
las cosas, en lo cotidiano, en lo que puede salir de una conversación, lo que
te puede cambiar esa triste tarde de primavera, eso, vale mucho más que cien
años de vida.
Cuando una persona se
va para siempre de tu vida, su rostro desaparece de tu mente… esta experiencia es
algo parecida a los sueños. Pudiste haber tenido una buena experiencia, haber
aprovechado todos los momentos, haberle dicho a esa persona cuanto la quieres,
o simplemente no lo hiciste. Lo callaste, no lo demostraste… simplemente no lo hiciste.
Es increíble el reproche
que uno siente al cuestionarse de esto, de no aprovechar el tiempo. Pero mal
que mal, dentro nuestro… en esa caja de sentimientos llamada corazón, guardaste
por un periodo extenso ese sentimiento hermoso que se llama el amor.
La magia de poder
escribir lo que sientes, eso que no lo puedes decir oralmente te cambia la
vida. Cada vez que escribo sobre algún momento soy muy detallista porque trato
de guardar en mi memoria desde las palabras que se usan, el paisaje y
obviamente las cosas que pasaron… porque una foto lo único que te ayuda a
guardar es nostalgia. Lo que trato de guardar escribiendo es la historia, la
historia de mis momentos. ¡Que cursi!
Es interesante
comparar la ficción con la realidad… Existen muchos nexos como para empezar a ver
diferencias y similitudes. Pero pensemos… lo que vivimos día a día es una historia.
Lo aceptemos o no, nos guste o nos desagrade alguien escribe esa historia. Y
quien la escribe simplemente eres tú… de
ti depende que tu día esté lleno de luz. Al resto poco y nada le importa porque
ellos tienen sus propios problemas. Solucionar los tuyos es la prioridad,
siempre.
Por esos recuerdos que
se van, esos que nunca volverán, por esos que algún día me hicieron feliz… por
eso recuerdos escribo. Por una risa, una alegría, un canto, una canción, por
eso que nos cambió el día. Por eso escribo. Porque sé que el único que puede
cambiar mi historia soy yo. Porque me guste o no mis cagazos son producto de mi
falta de conciencia, de la niñería que se apodera de mi mente, de la flojera y
de tantos otros factores.
Mi vida, es así. ¿Si
yo no vivo feliz, lo hará alguien por mí? Vivir a concho, disfrutar el momento
y amar… es lo básico, porque esos momentos no volverán.


La vida esta echa de momento, pero depende de cada quien como los conserva, puede que para algunas personas capturarlo en fotografias sea mas perdurable que escribirlos.
Pero sabes que tienes toda la razón no hay nada tan maravilloso como plasmar en palabras los senti ientos